NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

SU IMAGEN

 
 

 

 
 

 

 

Una imagen

de la Limpia y Pura Concepción

llegó en barco

al puerto de Buenos Aires,

en mayo de 1630.

Cuando era llevada en carreta

para Santiago del Estero,

quiso quedarse junto al río de Luján.

 

 

 
 


ORIGEN

La imagen es de bulto de terracota, es decir, de arcilla cocida, de unos 38 cm. de altura.

Fue hecha en Brasil, en el Valle de Paranaíba, en la ciudad de San Pablo. La Virgen se adelantó siglos concretando una suerte de Mercosur espiritual. Hacia 1904, Mons. Juan Nepomuceno Terrero, Obispo de La Plata, mandó recubrir con placas de plata la sagrada imagen para evitar la desintegración de la arcilla. Antes se tomaron fotos y se hizo una fidelísima réplica en madera. Luego, sobre la réplica se sacaron dos moldes en bronce.

De estos bronces y sus copias proceden las imágenes auténticas de Luján por ejemplo, las que llevamos a China continental, a Brasil, a Rusia, a Tadjikistán, a Sezze (Roma), a Ucrania, Papúa Nueva Guinea... la que se entronizó en nuestra parroquia de Harlem (Nueva York), la que el Papa Juan Pablo II entronizó en la Iglesia Nacional Argentina de Roma el 13 de noviembre de 1998.



DESCRIPCIÓN

El sabio misionero Jorge María Salvaire, devoto entusiasta de la Virgen del Plata, da de ella una minuciosa descripción. El critico Pedro Goyena dirá que dicha descripción es «una obra de arte, como dibujo y colorido», y lo cierto es que, cuantos vinieron detrás, nada agregaron a la misma. Data de 1885. Ésta es la descripción:

«La imagen de Nuestra Señora de Luján es pequeña en altura: mide unas diecisiete pulgadas (unos 40 cm.). Sus facciones son menudas, pero bien proporcionadas.

El rostro es óvalo. El semblante modesto, grave y al mismo tiempo dulcemente risueño, conciliando a la vez benevolencia con su irresistible atractivo, y respeto con majestad de Reina y gran Señora. La frente es espaciosa; los ojos grandes, claros y azules; la cejas negras y arqueadas; la nariz algo aguileña, la boca pequeña y recogida, los labios iguales y encarnados cual rosa, las mejillas sonrosadas.

Mira un tanto hacia la derecha. El color del rostro aunque muy agraciado, es un tanto amorenado. Tiene sus delicadas manos, asimismo bien formadas, juntas y arrimadas al pecho, en ademán o movimiento de quien humildemente ora.
El ropaje de la talla se compone de un manto de color azul, hoy muy amortiguado, sembrado de estrellas blancas; debajo de dicho manto aparece una túnica de color encarnado, aunque en el día igualmente muy amortiguado.

Los pies de la Santa Imagen descansan sobre unas nubes, desde las cuales emerge la media luna, que tradicionalmente se pone debajo de las plantas de la Virgen Inmaculada, y luego como jugueteando inocentemente entre aquellas nubes, descuellan cuatro graciosas cabecitas de querubines, con sus pequeñas alas desplegadas de color ígneo.

Finalmente, diremos que la materia con que ha sido fabricada la Santa Imagen es de arcilla cocida.
En resumidas cuentas, no es, debemos confesarlo, la antigua Imagen de nuestra Señora de Luján, una obra de arte; en cuanto a la materia, nada apreciable es, y por lo que mira a la hechura, no se puede, a la verdad , mentar entre las Imágenes notables. Preciosa es empero, sobre toda ponderación, por los innumerables y admirables portentos que, por su intercesión, obró incesantemente la divina misericordia, por los piadosos recuerdos que su sola vista despierta, y por la veneración tan entrañable que le profesaron nuestros padres.»



ADORNOS DE LA IMAGEN

Las tres primeras galanuras de la Virgen aluden a la descripción que se hace de Ella en el Apocalipsis de San Juan: “Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (12, 1).

Rayera Gótica

La rayera gótica con la inscripción: “Es la Virgen de Luján la primera fundadora de esta Villa”, adosada a la espalda de la Mujer, vestida de sol, y que representan los rayos del sol por estar la Virgen totalmente sumergida en aquella luz inaccesible.

La Luna De Plata

La luna de plata a sus pies, con tres escudos de Argentina, Uruguay y Paraguay, porque todo defecto está bajo Ella y porque es Mediadora entre Cristo –el Sol- y la Iglesia –la Luna.

Aureola De 12 Estrellas

La aureola de 12 estrellas. Es la diadema real de María, en ellas ve San Bernardo las 12 prerrogativas de gracias:

- Prerrogativas Del Cielo:
1º Estrella. La generación de María anunciada en el Antiguo Testamento
2º Estrella. El haber sido saludada por el Ángel
3º Estrella. El haber concebido en su seno al Hijo de Dios
4º Estrella. El haberse realizado esto por obra y gracia del Espíritu Santo

- Prerrogativas Del Cuerpo:
5º Estrella. Su inquebrantable propósito de guardar virginidad
6º Estrella. Su virginidad fue realzada por una milagrosa fecundidad
7º Estrella. El estar libre de las molestias que se siguen a la concepción “llevando a Quien la llevaba”
8º Estrella. Su milagroso alumbramiento.

- Prorrogativas Del Corazón:
  9º Estrella. La mansedumbre de su pudor
10º Estrella. Su profunda humildad
11º Estrella. Su fe magnánima y firmísima
12º Estrella. El martirio de su corazón.

Corona Imperial

Fue mandada a hacer en París por el P. Jorge María Salvaire, francés, a un afamado artífice de la Casa “Poussielgue Roussand”es una corona de oro con incrustaciones de piedras preciosas. Fue bendecida por León XIII el 30 de setiembre de 1886. Coronada por Mons. Federico Aneiros, Arzobispo de Buenos Aires, en nombre de S.S. León XIII, el 8 de mayo de 1887. Fue robada el 15 de setiembre de 1897. Fue encontrada y restaurada en la Casa Gottuzo y Costa, de la ciudad de Buenos Aires, bendecida y colocada nuevamente sobre las sienes de la Virgen por Mons. Uladislao Castellano, Arzobispo de Buenos Aires, el 7 de noviembre de 1897.

La corona luce 8 escudos: los de Argentina, Uruguay, Paraguay y España (“en memoria de los dos siglos de protección, con que España distinguió a este venerable Santuario”); los del Papa Pío IX, quien siendo canónigo en 1824 visitara y dijera Misa en Luján, de paso a Chile en la Delegación Apostólica, y el de S.S. León XIII, que bendijera la corona en 1886, ambos italianos; y los de Mons. Aneiros, porteño, y Mons. Castellano, cordobés, ya que ambos coronaron la imagen de la Virgen

Vestidos

Según la usanza española desde los primeros tiempos se la vistió con ropas. Por ser la Inmaculada Concepción el ropaje es túnica blanca y manto azul-celeste. Así los colores de nuestra bandera fueron tomados de los colores de María de Luján. Lo confirman muchos testimonios escritos, como por ejemplo los textos del historiador Aníbal A. Rottjer “El sargento mayor Carlos Belgrano, que desde 1812 era comandante militar de Luján y presidente de su Cabildo, dijo: “Mi hermano tomó los colores de la bandera del manto de la Inmaculada de Luján de quien era ferviente devoto. Y en este sentido se han pronunciado también sus coetáneos, según lo aseveran afamados historiadores.” El mismo autor dice: “Después de implorar el auxilio de la Virgen, y usando como distintivo de reconocimiento los colores de su imagen, por medio de dos cintas anudadas al cuello, una azul y otra banca, y que llaman de la medida de la Virgen, porque cada una de ella medía 40 cm, que era la altura de la imagen de la Virgen de Luján” O también “al fundarse el Consulado en 1794, quiso Belgrano que su patrona fuese la Inmaculada Concepción y que, por esta causa, la bandera de la dicha institución constaba de los colores azul y blanco. Al fundar Belgrano en 1812 el pabellón nacional ¿escogería los colores azul y blanco por otras razones diversas de la que tuvo en 1794? El p. Salvaire no conocía estos detalles y, sin embargo confirma nuestra opinión al afirmar que “con indecible emoción cuentan no pocos ancianos que al dar Belgrano a la gloriosa bandera de su Patria, los colores blanco y azul celeste, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, obsequiar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto”

Paena

Es de cedro revestido de bronce dorado, que tiende a destacarla mejor, con la inscripción: “Imagen de Nuestra Señora de Luján”.


 

De la sola imagen milagrosa de María de Luján podemos sacar grandes lecciones. De sus facciones menudas, de su semblante grave y risueño, de sus ojos mirando hacia la derecha, del rostro un tanto amorenado, de sus manos orantes, de la materia en que está hecha igual que nosotros, etc. En fin, todas lecciones hermosas y llenas de sentido catequético y espiritual. Pero ahora no queremos referirnos a esas características, que bien valen un sermón, sino al hecho de que la imagen en su conjunto es la más bella expresión de nuestra Patria argentina. Es el punto focal que, por así decirlo, contiene, como en semilla, lo que es nuestro ser nacional. Y, en ese sentido, María de Luján es el paradigma de lo que debe ser lo auténticamente argentino.

Como pasa muchas veces, nos descubren realidades insondables de las cosas y personas con las que tenemos trato frecuente y familiar, quienes las conocen por primera vez. Así pasó con la Virgen Lujanera.

Fue necesario el genio intelectual y la mirada penetrante y profética del gran Papa Pío XII para que los argentinos descubriésemos lo que se encierra, contiene y fulgura en la Sagrada Imagen. Trece años después de haberla visitado en su camarín de Luján, siendo ya Vicario de Jesucristo y sucesor de Pedro, diciendo que “Ella quiso quedarse allí y el alma nacional argentina comprendió que allí tenía su centro natural”, expresó cuál había sido su impresión al verla: “…nos pareció que habíamos llegado al fondo del alma del gran pueblo argentino.” Que es como decir a sus fundamentos, a su base, a lo que le da razón de ser, a su entramado profundo, a sus cimientos, a lo básico, a lo que nos ha de lanzar al futuro… Son palabras muy pensadas, son palabras muy sentidas y son palabras muy profundas: “…nos pareció que habíamos llegado al fondo del alma del gran pueblo argentino.”

Y es así ya que en la Imagen milagrosa se dan cita los valores que compendian la Patria y que no se cierran sobre sí mismos, sino que, sin negarlos, se abren a los valores universales.

En efecto, en Ella se dan los valores autóctonos:
- La geografía: quiso quedarse aquí.
- La bandera: son de los colores de su manto.
- La lengua: Está escrito en nuestra lengua materna: “Es la Virgen de Luján la primera fundadora de esta Villa”.
- La comunidad concorde,
en el pasado: San Martín, Belgrano, Pueyrredón...
en el presente, los innumerables peregrinos que la visitan...
en el futuro, desconocido por nosotros pero auspicioso si nos colocamos bajo su manto.

Pero, Ella también nos abre a los valores universales:
- Su origen es brasileño.
- Su gran cultor y el joyero de su corona, franceses.
- Lleva los escudos de Argentina, Uruguay, Paraguay, España, de dos italianos, y de un porteño y un cordobés que la coronaron.
- Condecorada en 1981 con la Rosa de oro y entronizada en la Iglesia argentina de Roma en 1998 por Juan Pablo II, polaco.

En María de Luján se da la mejor síntesis entre los nuestro particular y lo universal, entre lo local y lo iberoamericano, entre lo laical y lo jerárquico, entre lo criollo y lo bueno que viene de afuera, entre la Iglesia particular y la Iglesia universal.

Por eso la Limpia y Pura Concepción que se quedó en Luján fue, es y será el “…fondo del alma del gran pueblo argentino.”

 
     

 

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